"Hay hombres que luchan un dia y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles". Bertolt Brecht

lunes, 16 de abril de 2007

DISCURSO DE SILVIO RODRIGUEZ REAFIRMANDO SU SÍ POR EL SOCIALISMO




Fuente: Juventud Rebelde



Comandante Fidel,
General Raúl,
Presidente Alarcón,
miembros de la Asamblea,
invitados,
seres que me escuchan:

Comprendo la responsabilidad histórica de manifestarse hoy aquí, en esta Asamblea Extraordinaria, y me impresiona la belleza del acto. Al confirmar principios que le han dado sentido a nuestras vidas es como si quisiéramos grabarlos en la trama del tiempo. La intención no es petrificar este instante, porque las petrificaciones significan muerte, sino anunciarlo hoy y mañana, como suelen hacer los enamorados en los árboles y los muros.

Estamos escribiendo nuestros nombres en un tronco, en una pared del tiempo y todas nuestras historias, las colectivas y las personales se funden en una, que clama por lo que nuestra Cuba está clamando desde que tuvo noción de sí misma: por libertad, por soberanía, por justicia.

En este empeño hay tantos nombres entrelazados que no creo posible hacer un recuento exacto. Unos son recogidos por la historia y otros no. Como diría Brecht: "¿A dónde fueron los albañiles la noche que terminaron la Muralla China?" Los pequeños eventos son parte de la materia que conforma la historia. De todo tipo de fragmento estamos hechos y cada partícula, por minúscula y modesta que parezca, ayuda a diseñar el gran mosaico de este acto. Y quien lo dude, que pase lista a los oficios, a las historias que aquí se reúnen, fractales de aspecto y espacio precisos en un entramado nacional.

Es rara la entrevista en la que no me preguntan sobre mi condición de Diputado, a veces con admiración, otras con reproche, pero siempre con curiosidad. A mí, como soy cubano acostumbrado a la Revolución, no me sorprende que el hijo de dos familias pobres esté formando parte de la Asamblea, pero como nunca tuve vocación de político siempre me sobrecoge el privilegio de hablar en nombre de muchos.

Sin embargo hay una famosa enciclopedia, editada en este año, el 2002, que dice: Rodríguez Silvio: Su influencia sobre toda una generación, junto a sus compañeros de "la nueva trova cubana" ha sido reconocida en todo el mundo, incluso por quienes no están de acuerdo con sus ideas políticas. Yo confieso que primero tuve ideas y después -en realidad mucho después- me pregunté el significado de la palabra política. También primero le di rienda suelta a mi vocación de hacer canciones y después me pregunté por qué y de qué forma las estaba haciendo.

Así que no sé a qué poco aconsejables ideas políticas se refiere esa enciclopedia. No sé si se refiere a que la primera canción mía que pudiera considerarse "política", la escribí siendo recluta, en el campamento militar de Managua, allá por 1964 ó 1965, y trataba sobre la discriminación racial. No sé si se referirán a cuando en febrero de 1968 Haydée Santamaría nos invitó a cantar en el Centro de la Canción Protesta de la Casa de las Américas. Supongo que no, porque entre los tres trovadores no reuníamos la cantidad suficiente de canciones "políticas" como para hacer un concierto.

-¿De qué protestan ustedes?- solían preguntarnos burlonamente algunos compañeros mayores en edad que nosotros, los que nos tomaban por jóvenes algo raritos y desviados.

Yo siempre pensé que todas las ocupaciones y preocupaciones humanas caben en la poesía y en el arte, y por supuesto en la canción. Y que es deber de nuestra sociedad socialista defender que así sea, porque en esos testimonios se imprimirá parte de nuestra memoria histórica como pueblo, además de parte de nuestra capacidad de inventiva. Creo que las artes no solo tienen el derecho sino el deber de expresarse, porque eso, junto con los datos que aportan la prensa y otras manifestaciones, contribuye a dejar un registro histórico lo suficientemente variado como para que el mañana comprenda todas nuestras características y pueda aprender de nosotros.

Por ejemplo, creyendo en la poesía y en el arte, a los 20 años llegué a la conclusión de que la Revolución no era propiedad privada de nadie, que la Revolución era de todo el que fuera capaz de hacerla y defenderla. Por lo que les dije a los burócratas que se creían los administradores de los sueños:

La pobre gente que dispone
de la vida por oscuros corredores,
¿qué se hará?
Y los que venden la palabra,
los que ríen, los que no hablan
¿quiénes los despedirán?
Serán como el insecto aquel,
muriendo solo, sin después
Morir así es no vivir.
Morir así es desaparecer para siempre.

Creyendo en la poesía y en el arte me fui al mar con la Flota Cubana de Pesca, de donde regresé intacto con estas interrogaciones:

Compañeros de historia,
tomando en cuenta lo implacable
que debe ser la verdad, quisiera preguntar
-me urge tanto-
¿qué debiera decir, qué fronteras debo respetar?
Si alguien roba comida
y después da la vida, ¿qué hacer?
¿Hasta dónde debemos practicar las verdades?
¿Hasta dónde sabemos?

Obseso de la poesía y el arte, pedí la devolución de 11 pescadores frente a la Oficina de Intereses. En esos días algunos apostaban por bloquearnos y al mismo tiempo, el pueblo nos nombraba sus representantes en un festival. También por entonces, junto al Grupo de Experimentación Sonora, fui uno de los compositores de "Granma", obra que celebraba el 20 aniversario de ese barco llegando a nuestras costas.

Qué sabrá mi niño de doce olas
que no se posaron junto a la arena.
Qué sabrá mi niño de doce olas
que cogían camino al coger vereda.
Qué sabrá mi niño de doce olas
que no se rompieron en el peñasco.
Que sabrá mi niño de doce olas
que volaron tras empujar su barco.

Un día inesperado llega una carta de Camagüey, pidiendo una canción sobre Agramonte. Y creyente de la poesía y el arte mambisas cometo aquel acercamiento a la estatura de El Mayor:

El hombre se hizo siempre
de todo material:
de villas señoriales
o barrio marginal.
Toda época fue pieza
de un rompecabezas
para subir la cuesta
del gran reino animal,
con una mano negra
y otra blanca mortal.

Fieles a la poesía y a las artes, muchos artistas aterrizamos en Angola, en plena guerra. Algunos llegamos en febrero del 76 y pasamos meses haciendo recorridos desde Cabinda hasta Cunene, conociendo héroes -algunos de los cuales están en esta sala-, a veces dándoles las buenas noches a compañeros que a la mañana siguiente ya eran materia de canciones. Entre ellos Arides y Ciro Berrios, por quienes siempre valdrán la pena aquellos sentimientos que decían:

Si caigo en el camino
hagan cantar mi fusil
y ensánchenle su destino,
porque él no debe morir.

Puede ser que vivencias y canciones como estas hayan dado lugar a las afirmaciones de la enciclopedia de que hablé y también a esas misteriosas ideas políticas que nunca aclararon y se supone que profeso. Puede ser que expresiones como yo me muero como viví no parezcan lo suficientemente devotas de la poesía y el arte, y hayan incordiado a algunos. Este tipo de estigma malamente velado que quieren endosarnos, cuando menos significa una lectura mediocre de la relación que hemos tenido con los pueblos. Porque decir que la gente nos quiere a pesar de nuestras ideas políticas es querer meter un forro que nadie que haya estado en un concierto nuestro se lo traga.

Por mi parte tendría que decirles a esas ilustres personalidades que, desde que fui elegido diputado en virtud de la democracia -como nosotros la entendemos-, pienso que soy un signo viviente de la pluralidad de esta Asamblea, ya que he sido un hombre cuestionado por conflictivo, por criterioso, por libretero, o cuando menos por imprevisible (como puede que estén demostrando estas palabras).

Sin embargo estoy aquí como parte de mi pueblo, de mi historia, de mi Revolución y de mi amigo y hermano Fidel, haciéndome partícula de esta aventura, de esta expedición realista y surrealista que dirigimos y protagonizamos todos con él, para decir que voto por mi Patria Socialista perfectible; para decir que cierro filas como cuando era un milicianito de catorce años, mojándose a la noche con un Máuser viejo, esperando la bomba atómica que le tocaba por la mañana.

Y porque esto sucede ya no soy sino el hijo de Dagoberto y Argelia, un enamorado más escribiendo en el tiempo -y a pesar del tiempo- en una larga rama que nos llega desde gloriosas profundidades, donde muchos conocidos y desconocidos, hacedores e hijos de este pueblo, han grabado bellezas de todos los tamaños y significados.

Compañeros, permítanme un rincón donde dejar estos mínimos versos:

Puede que algún machete
se enrede en la maleza;
puede que algunas noches
las estrellas no quieran salir;
puede que con los brazos
haya que abrir la selva,
pero a pesar de los pesares,
como sea, ¡Cuba va!

Silvio Rodríguez
La Habana, Cuba

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